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Corea se postula como el 'hub' asiático de la IA: Nvidia, OpenAI y Anthropic elogian a Lee sin cifras sobre la mesa

🕒 Publicado en Zendoric: 27 de julio de 2026 · 00:21

El presidente surcoreano Lee Jae-myung se reunió en San Francisco con los CEOs de Nvidia, OpenAI, Broadcom y Anthropic, que definieron a Corea como socio 'imprescindible' de la IA. Entre bromas sobre pollo frito y brindis por la 'familia', la cumbre dejó elogios abundantes y pocos números concretos.

Por Zendoric · 27 de julio de 2026.

El presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, mantuvo el 24 de julio en San Francisco una ronda de reuniones bilaterales con los consejeros delegados de cuatro compañías que definen la industria de la inteligencia artificial: Jensen Huang (Nvidia), Sam Altman (OpenAI), Hock Tan (Broadcom) y Dario Amodei (Anthropic), según recoge Seoul Economic Daily. El mensaje se repitió, con matices, en cada encuentro: Corea es ya un socio imprescindible para la era de la IA.

Huang habló de "la edad de oro de la IA que Corea está construyendo"; Altman fue más lejos y calificó a Corea de "uno de los países más importantes del mundo", añadiendo que "la revolución de la IA es imposible sin Corea". Con Amodei fue Lee quien planteó que "Corea es el socio óptimo para convertirse en el hub clave de infraestructura de IA de Anthropic en Asia"; el consejero delegado de Anthropic se limitó a responder que podrán "cooperar en muchas áreas" y que trabajar con Corea es "algo realmente ilusionante". Lee, en cada mesa, presentó los "tres megaproyectos" con los que su gobierno quiere reestructurar la economía surcoreana en torno a la IA, aunque ni el mandatario ni la crónica original detallan en qué consisten ni qué inversión llevan asociada.

La ronda culminó en una cena a la que se sumaron los máximos representantes de facto de los grandes conglomerados surcoreanos —Lee Jae-yong (Samsung), Chey Tae-won (SK), Chung Euisun (Hyundai) y Lee Hae-jin (Naver)—, además de Tan y de Rani Borkar, presidenta de hardware de Microsoft Azure. El tono, deliberadamente informal —bromas sobre pollo frito y cerveza, un brindis colectivo por la "familia" ('sikgu' en coreano)—, es el que suelen buscar este tipo de citas: envolver en cercanía personal lo que, en el fondo, es una negociación de posicionamiento industrial.

Conviene separar el gesto del hecho. Lo que hubo en San Francisco fueron elogios recíprocos y fotografías conmemorativas; lo que no trascendió fue ninguna cifra: ni inversión anunciada, ni capacidad de datos comprometida, ni calendario para los "tres megaproyectos". Es un patrón que ya hemos visto en otros episodios de la diplomacia tecnológica de este año: los titulares y las fotos llegan antes que los contratos, y conviene no confundir la aspiración con la capacidad demostrada.

Dicho esto, la apuesta surcoreana no es pura retórica. En general, Samsung y SK Hynix concentran buena parte de la fabricación mundial de memoria HBM —high bandwidth memory, la memoria de alto ancho de banda que acompaña a cada acelerador de IA de Nvidia y que se ha convertido en uno de los cuellos de botella físicos del sector—, lo que da a Seúl una palanca real en la cadena de suministro que ningún brindis puede sustituir. Que se plantee a Corea como candidata a hub de Anthropic en Asia encaja con ese activo: fábricas de memoria ya operativas y un gobierno que ha convertido la "nación nativa de IA" en bandera política.

El interés de fondo trasciende el simbolismo. En la carrera por asegurar cómputo, energía y memoria —los tres insumos que hoy limitan el crecimiento de los grandes modelos—, cada país con capacidad de fabricación real se convierte en pieza de un tablero donde Washington, Pekín y las propias tecnológicas compiten por atarse a proveedores fiables. Corea puede salir beneficiada de esa escasez si convierte el músculo industrial en algo más que titulares amables; el riesgo de corto plazo es quedar como proveedor subordinado de las grandes tecnológicas estadounidenses en vez de socio con voz propia en el reparto del valor. A largo plazo, sin embargo, este tipo de acuerdos —si se traducen en fábricas, empleo cualificado y cómputo propio— son justo la infraestructura que necesita la abundancia que promete la IA: más capacidad instalada, repartida entre más países, no concentrada en un puñado de campus californianos.

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Fuentes y referencias