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Nueva York frena en seco un robot con IA en las aulas: privacidad de menores y el pasado del fabricante encienden la polémica

🕒 Publicado en Zendoric: 27 de julio de 2026 · 00:21

El distrito escolar de Salamanca (Nueva York) ha pausado su plan piloto de un robot con IA, 'Sally', en un aula STEAM tras la alarma del sindicato de profesores, que vinculó al fabricante, Realbotix, con muñecas sexuales robóticas. El distrito revisa ahora los acuerdos de privacidad de datos con el estado.

Por Zendoric · 27 de julio de 2026.

El distrito escolar de Salamanca, un pequeño municipio del oeste del estado de Nueva York, ha pausado el proyecto piloto que iba a llevar un robot con inteligencia artificial a sus aulas. El anuncio se hizo el viernes a través de las redes sociales del propio distrito: el programa con la empresa Realbotix queda "en pausa" mientras se resuelven "acuerdos reforzados de privacidad de datos de los estudiantes" con el Departamento de Educación del Estado de Nueva York (NYSED, por sus siglas en inglés) y continúa el diálogo con la comunidad.

El plan original era modesto en alcance: un pequeño grupo de alumnos matriculados en cursos STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas) iba a convivir en el aula con "Sally", un robot impulsado por IA de Realbotix, con el objetivo declarado de apoyar a los profesores y acercar a los estudiantes a la experiencia práctica con inteligencia artificial.

La pausa llegó después de que el sindicato NYSUT (New York State United Teachers) cargara públicamente contra la idea, aunque el distrito atribuye el freno a los acuerdos de privacidad pendientes. Su presidenta, Melinda Person, fue directa: "Un robot construido por una empresa asociada a muñecas sexuales no tiene cabida en nuestras aulas. Nuestros alumnos no necesitan robots. Necesitan relaciones reales con adultos que se preocupan por ellos." Person añadió que ningún robot puede notar cuándo un estudiante lo está pasando mal, celebrar sus logros o ayudarle a descubrir en quién puede convertirse, "por muy realista que sea su piel o específico su acento regional".

Realbotix es conocida en el sector de la robótica social por sus cabezas animatrónicas hiperrealistas y su tecnología conversacional. El vínculo que denuncia NYSUT remite a la asociación de la compañía con el sector de las muñecas sexuales; la fuente no detalla el porfolio comercial actual de la empresa. Ese es, precisamente, el punto que ha explotado el sindicato: no cuestiona tanto la tecnología en sí como la reputación de quien la fabrica.

En general, los robots sociales llevan varios años llamando a la puerta de las aulas de primaria y secundaria en Estados Unidos, presentados como tutores STEAM o simples "compañeros" de conversación y programación. Casi ningún distrito escolar cuenta, sin embargo, con un marco de privacidad de datos pensado para un dispositivo que ve, oye y conversa con menores en tiempo real: las normas estatales de protección de datos educativos se escribieron para plataformas de software, no para un robot con cámara y micrófono permanentes dentro del aula. Salamanca no es la excepción; es la norma. Y el hecho de que la pausa llegue antes de que el robot pisara una sola clase sugiere que, en este caso, el sistema reaccionó a tiempo, no tarde.

Nuestra lectura: este episodio no demuestra que la IA no tenga sitio en la educación; demuestra que la gobernanza va, una vez más, por detrás del entusiasmo comercial. Que un distrito escolar pequeño firme un piloto con un proveedor de robots sociales sin tener resuelto de antemano el acuerdo de privacidad de datos con el regulador estatal es un fallo de procedimiento, no de tecnología. Y elegir como proveedor a una empresa cuya imagen de marca está ligada a productos para adultos, por sofisticada que sea su ingeniería, es un error de criterio que cualquier comité de compras debería haber detectado antes de anunciar nada en redes sociales.

Dicho esto, conviene no confundir el argumento del sindicato con la conclusión correcta. NYSUT acierta en lo esencial —ningún robot sustituye la mirada de un adulto que nota cuándo un adolescente lo está pasando mal—, pero eso no invalida la idea de fondo: usar IA para acercar STEAM a niños que van a vivir y trabajar rodeados de esta tecnología. El error de Salamanca fue de ejecución —proveedor, contrato, privacidad—, no de ambición.

En nuestro seguimiento de cómo la IA transforma la educación sector a sector, la conclusión se sostiene: gana el profesor que aprende a orquestar la IA como herramienta; pierde la idea de sustituir sin más al adulto por una máquina, por realista que sea su piel sintética. La abundancia que promete la IA a largo plazo —tutores personalizados, más tiempo del docente para lo que de verdad importa, el vínculo humano— solo llegará si antes se resuelve, distrito a distrito, lo aburrido: contratos de privacidad, verificación de proveedores y transparencia con las familias. Salamanca, sin quererlo, acaba de dar una lección práctica de por dónde hay que empezar.

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Fuentes y referencias